EL ESPÍRITU SANTO ES EL QUE NOS TRAE EL AMOR DE DIOS


EL ESPÍRITU SANTO ES EL QUE NOS TRAE EL AMOR DE DIOSEl Espíritu Santo es el que nos trae el amor de Dios.

Es la Luz que penetra en el espíritu del hombre y que proviene de Dios.

La Luz del Espíritu Santo se origina en el corazón del Padre y del Hijo y se mete hasta las raíces más profundas del corazón del hombre.

Es Luz Divina; es Luz Sagrada; es el aliento de la vida de Dios de donde nos llega esa Luz que penetra en nuestro interior.

El espíritu Santo es el Padre de los pobres, sobre todo de los pobres de corazón, de pobreza interior; y como también es dador de bienes, cuando El quiere, es capaz de colmar esa pobreza y hacer florecer el desierto que existe en vuestro corazón.

Antes de partir a la casa del Padre, Jesús había abierto su corazón, para prometer a sus discípulos, ” YO ROGARE AL PADRE Y EL LES MANDARA OTRO CONSOLADOR QUE SE QUEDE PERMANENTEMENTE CON USTEDES:

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD, QUE EL MUNDO NO PUEDE RECIBIR PORQUE NO LO VE NI LO CONOCE.

USTEDES SI LO CONOCEN PORQUE ESTA CON USTEDES Y PERMANECE A SU LADO.

YO NO LOS DEJARE HUÉRFANOS PORQUE VOY A VOLVER HASTA USTEDES”.

Jesucristo nos envió al Espíritu Santo, intermediario entre el Padre y el Hijo, es decir, la vida interna, el amor de Dios, que viene a nosotros como Consolador.

Consolar es despertar, dar testimonio y atraer al otro a lo mejor de si mismo.

El que ha manchado su corazón, necesita del Espíritu Santo consolador, para que lo lleve a la pureza que se encuentra más allá de las culpas y haga renacer las esperanzas de superación de toda suciedad.

El Espíritu Santo como Espíritu Consolador, penetra todo y lo hace libre; desata al hombre de las garras del pecado, hasta lograr que se levante, recobre sus fuerzas y empiece a vivir de nuevo.

El corazón humano, cansado y doliente, dialoga con Dios amor y consolador, confiado en que El escucha cada una de sus quejas, lo consuela y lo conforta.

El espíritu Santo viene a nuestros corazones a que vivamos en El; toca las raíces mismas de nuestra vida y nos da la libertad que nace de la plenitud de Dios.

Que el esplendor del Espíritu Santo, sea una llama ardiente de profundidad interna, que nos acerque cada vez más al Dios amor.

Enviado por: Fuad Curi Vergara (Colombia)