CORONACIÓN DE ESPINAS A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Coronación de espinas a nuestro señor JesucristoCoronación de espinas a nuestro señor Jesucristo.

Cuando Jesús estaba siendo juzgado por su vida, los soldados tejieron espinas en una corona provisional y la pusieron a la fuerza sobre Su cabeza (Juan 19:2). Pusieron un manto púrpura sobre Él y lo ridiculizaron, diciendo: “Viva el Rey de los Judíos”, mientras lo golpeaban y pateaban.

Los soldados lo hicieron para divertirse a sí mismos, pero los Evangelios incluyen esto como una parte significativa del sufrimiento de Jesús. Ellos lo incluyeron porque tiene una irónica verdad — Jesús es el rey, y sin embargo, Su gobierno sería precedido por el rechazo, el ridículo y el sufrimiento. Él tiene una corona de espinas porque es el gobernante de un mundo lleno de dolor, y como el rey de éste mundo corrupto, Él estableció Su derecho a gobernar al experimentar el dolor por Sí mismo. Fue coronado (le fue dada autoridad) con espinas (sólo a través de un gran dolor).

También significa algo para nosotros.

La corona de espinas también tiene significado para nuestras vidas—no es sólo parte de una escena cinematográfica en la que somos abrumados con el sufrimiento por el cual Jesús atravesó para ser nuestro Salvador. Jesús dijo que si queremos seguirlo, debemos llevar nuestra cruz cada día—e igual de fácil pudo haber dicho que debemos experimentar una corona de espinas. Estamos unidos a Jesús en el crisol del sufrimiento.

La corona de espinas tiene significado para Jesús, y tiene significado para todo individuo que sigue a Jesús. Como Génesis lo describe, Adán y Eva rechazaron a Dios y escogieron experimentar por sí mismos tanto el mal como el bien.

Jesús abrazó el rechazo—aceptó la corona de espinas—como parte de Su amarga copa de sufrir lo que los seres humanos sufren, para que así Él pudiera abrir la puerta para que nosotros escapemos con Él de éste mundo de lágrimas.

No hay nada malo en conocer la diferencia entre el bien y el mal—pero hay mucho de malo en experimentar el mal, porque esa es una senda de espinas, una senda de sufrimiento. Cuando Jesús vino proclamando la llegada del reino de Dios, no es una sorpresa que la humanidad, todavía separada de Dios, lo rechazara y lo expresara con espinas y muerte.

Jesús abrazó el rechazo—aceptó la corona de espinas—como parte de Su amarga copa de sufrir lo que los seres humanos sufren, para que así Él pudiera abrir la puerta para que nosotros escapemos con Él de este mundo de lágrimas. En éste mundo, los gobiernos empujan a la fuerza espinas sobre los ciudadanos. Y en este mundo, Jesús sufrió cualquier cosa que ellos quisieron hacer con Él para que pudiera redimirnos a todos de éste mundo de impiedad y espinas.

El mundo venidero será gobernado por el humano que ha vencido la senda de espinas—y aquellos que le den su lealtad a Él tendrán su lugar en el gobierno de Su nueva creación.

Todos experimentamos nuestras coronas de espinas. Todos tenemos nuestras cruces que cargar. Todos vivimos en éste mundo caído y participamos de su dolor y pesar. Pero la corona de espinas y la cruz de muerte han sido derrotadas por Jesús, quien dice: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma” (Mateo 11:28-30).