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María Santísima, Madre de Dios y Madre nuestra, te alabamos, te glorificamos, te ensalzamos y te damos gracias por todo lo que, acompañando a tu Hijo y según la voluntad del Padre, haz hecho por nosotros los hombres.
Lamentablemente no todos tus hijos en este mundo te reconocen como excelsa Madre y tampoco reconocen a tu Hijo como nuestro Salvador y Redentor.
Así, unos olvidan la presencia consoladora de Jesús y María, siempre presente en la vida de cada uno; otros, les niegan; otros blasfeman e injurian, seguramente cayendo en poder del maligno, su tentación abierta o solapada, pero siempre persiguiendo el error y la confusión, la maldad y el vicio, la caída en el pecado del que Jesús nos liberó en la Cruz, al conseguir con su Sumo Sacrificio el perdón y la misericordia del Padre.
Hoy queremos hacer un acto de desagravio contra estas blasfemias e injurias con que los hombres ofenden al Sagrado Corazón de Jesús y a tu Inmaculado Corazón.
Pedimos perdón por estas ofensas cometidas, cualesquiera que ellas sean o las formas que adopten, y ofrecemos todo nuestro amor y nuestra devoción. A Ti, Jesús. A Ti, María.
Y sellaremos este compromiso con una actitud cristiana de vida en cada opción que tomemos; en nuestra vida de familia, en el trabajo o estudio, en nuestra vida ciudadana, en el núcleo social en que nos desenvolvemos.
Rechazaremos todo aquello que a Ti Madre Santa no te guste, que pueda ofender a tu Hijo amado.
Y trataremos, dentro de las limitaciones de seres humanos pecadores, de hacer el bien y dar a conocer con una vida ejemplarmente cristiana, que somos hijos de Dios, seguidores de las enseñanzas de Jesús, y que te amamos y respetamos como a la Madre Santa del Cielo, buscando tu beneplácito, tu mirada de aprobación y alegría.
Perdona a los ofensores y bendice a quienes te defienden, María; a Ti, y a tu Hijo, al Padre eterno.
Haz que este compromiso nos haga rescatar a la Iglesia de quienes la persiguen. Desde el Cielo, envíanos tú bendición y la fortaleza necesaria para no caer en tentación y líbranos de todo mal, tal como lo pedimos al rezar la oración que Jesús nos enseñó: El Padre nuestro.
Enviado por:Rosalia Menzer |
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