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¿LA PREDESTINACIÓN DE MARÍA A SER MADRE DE CRISTO, FUE POR POSIBLES MÉRITOS?
Todos los méritos, privilegios y gracias, se derivan de su maternidad divina, como de raíz o fuente. La Inmaculada Concepción, le fue concedida a María en orden a la maternidad; de tal modo que fue predestinada a Ella, por haber sido elegida para ésta. María, pues, fue predestinada a esta maternidad gratuitamente y antes de toda previsión de cualquier clase de méritos.

 

¿LA PREDESTINACIÓN DE MARÍA A LA GLORIA, FUE POR POSIBLES MÉRITOS?
La Virgen María fue preelegida con anterioridad a sus méritos, para la gloria; de igual forma como lo había sido para la maternidad gratuitamente. Convenía pues que la gloria fuese inherente a su maternidad.

 

¿CUÁL ES LA RAZÓN DE SER DE MARÍA VIRGEN?
La existencia misma de la Santísima Virgen María, depende de tal manera de su maternidad divina, que de no ser madre de Dios, no existiría en el mundo.
San Efrén dice: “Si Dios no fuera hombre, ¿Para qué hubiera sido creada María?” S. Juan Damasceno dice: “Tendrás una vida superior a la naturaleza, pero no para ti misma, pues no has sido engendrada por causa de ti, por lo cual tendrás a Dios, para quien viniste a la vida”.

 

¿SE PIDIÓ EL CONSENTIMIENTO A MARÍA PARA DICHA MATERNIDAD?
En la narración evangélica Lc. 1,26 aparece pedido el consentimiento de la Santísima Virgen para la obra de la Encarnación, puesto que el ángel no le intima el decreto de la voluntad divina, como si hubiera de ejecutarse aun sin Ella quererlo, sino que expone a María el designio de Dios, y cuando María opone como obstáculo el voto de su virginidad, contesta a su objeción y no se retira hasta que, convencida de que había de conservar integra su virginidad, dijo: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.
Dice San Ambrosio:

“Dios no obra en sus elegidos, como el artífice en la materia insensible e inerte; sino que requiere nuestro consentimiento”.
Esto se ve que sucede, cuando María dice: “He aquí la esclava del Señor”. Comentando la anterior expresión Justiniano dice: “Con esta sola respuesta, llenó el cielo de alegría, a los ángeles de gozo y al mundo de esperanza”.